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16 marzo, 2017

Nikita, Luc Besson




Por Javier Jiménez / @Javyert


No sé a cuántos más les haya pasado, pero yo debo admitir que por mucho tiempo ubicaba a Nikita sólo como una serie de televisión, de la que nunca vi un capítulo porque jamás me llamó la atención. 

Pero la primera Nikita, la verdadera, nació en 1990 gracias a Luc Besson. Para aquellos que aman las etiquetas, la cinta se podría clasificar como una película de acción, pero en realidad es muchísimo más que eso.

Detrás de Nikita, existió Anne Parrillaud

La trama se centra en la transformación (obligada) de una chica drogadicta en una agente especial. Lo anterior podría interpretarse como si la historia fuera una propaganda antidroga, de esas típicas películas que ponen a un chico malo que al final se convierte en un héroe nacional. Pero no es así. Ésta no es una historia tan tradicional. La protagonista se enfrenta a conflictos internos que no le permiten sentirse cómoda con su vida, buscando una libertad que parece imposible obtener.



Luc Besson, reconocido por haber escrito y dirigido películas como “El perfecto asesino”, “El quinto elemento” y más recientemente “Lucy”, siempre ha mostrado cierta inclinación por que sus protagonistas sean mujeres. Y en Nikita, su primer guion 100% propio, no es la excepción. Besson lo escribió pensando en Anne Parrillaud, quien en ese entonces era su esposa. Pero no precisamente se inspiró en ella para crear a Nikita. Al contrario, él le quería dar la oportunidad de brindar una actuación fantástica donde pudiera lucir todo su talento. Parrillaud ya tenía el papel seguro, sin embargo el personaje que interpretaría no sería nada similar a lo que estaba acostumbrada, convirtiéndose en todo un reto para la bella actriz.

Anne Parrillaud como Nikita. 

Anne Parrillaud se preparó bastante para la película. Luc Besson le recomendó tomar cursos de actuación, después ella tomó clases de judo, aprendió a usar armas de fuego e incluso durmió como indigente en el Metro de París. Aún más impresionante es el hecho de que vivió sola, con el vestuario de la punk Nikita y una dieta estricta (perdió diez kilos), durante un mes en la fábrica abandonada (que posteriormente se adaptaría para formar parte del escenario de la película). 

Sin duda alguna éstas medidas fueron extremas, aunque a fin de cuentas valió  la pena, ya que su interpretación la catapultó como una actriz reconocida tanto nacional (Premio César de Mejor Actriz) como internacionalmente (Premio David di Donatello de Mejor Actriz Extranjera). Pero no todos los frutos de la película fueron positivos para Anne Parrillaud. Quedó traumatizada. No se podía liberar del personaje. Afirma que hacía cosas que no identificaba como propias de su personalidad. 

Pese a que Nikita salvó su carrera de un final prematuro y desolado, ella terminó odiándola. Y no sólo la película, sino todo lo que tuviera que ver con esta. Poco tiempo después de recibir el César a Mejor Actriz se separó de Luc Besson. La presión de aprovechar una oportunidad de oro, la responsabilidad de representar un personaje tan “rico”, la exigencia de Luc Besson, todo el conjunto de tensiones le cobró factura a la larga. De cualquier forma, ahí quedó la película, como una joya del cine de acción poco convencional.

La magia de Luc Besson

Por otra parte, la música de la película es genial. Esta tarea le fue encargada a Éric Serra, compositor francés que ha trabajado con Luc Besson en todas su películas. Ese conocimiento mutuo de tantos años se ve reflejado en su filmografía y Nikita no es la excepción. Y hablando de gente de confianza del director Luc Besson, en esta también aparece Jean Reno. En un papel secundario, con muy pocas líneas y haciendo su aparición en escena durante los últimos 20 minutos, pero aun así su papel tiene cierta importancia. Por cierto, desde aquí ya llegaba León, personaje principal de “El perfecto asesino”, película que le dio fama mundial a Jean Reno y debutó a una preadolescente Natalie Portman.

En cuanto al guion de Nikita, me llama la atención la duda que Besson siempre tuvo sobre el final. Su final original no le convenció, tuvo que parar el rodaje una semana, pensar en un nuevo final y continuar. Algunos años después, el director confiesa que ese final tampoco cree que haya sido el mejor. Y yo soy de la misma opinión. Si algo no terminó de gustarme fue el final. Pero para mí, un final no hace una película. Eso sería minimizar toda una obra a solo una última escena.



Curiosamente, una de mis escenas favoritas es la primera, en la cual Nikita aparece muy poco y en un rol secundario. En la escena, la banda de punks va a saquear una farmacia. La música de fondo y la cámara siguiéndolos desde atrás, mientras se aproximan a su objetivo como dueños de la calle, un momento de tensión, un tiroteo y una explosión de locura y violencia (una de las especialidades de Besson). Todo me encantó. 

Desde ese instante, el director ya me tenía enganchado. De hecho, creo que los integrantes de la banda punk son personajes muy bien desarrollados, tanto que pudo hacerse otra película con ellos como protagonistas. La conexión que tuve hacia ellos fue tan buena que realmente sentí lástima de que su participación fuera tan breve. 

Otra escena que adoré fue la que representa un examen, donde hay sorpresa tras sorpresa. Se trata de la primera salida de Nikita después de años de entrenamiento, justo en su cumpleaños. Ocurre en una cena elegante en la que se aprecia, por primera vez, una Nikita muy hermosa, donde hay un regalo, una misión, y todo lo que viene después. Esa es la cúspide de la transformación de la drogadicta en agente. Son momentos llenos de adrenalina. Adrenalina y magia. Magia porque hay sorpresa y cuando esto ocurre en el cine, se produce una gran satisfacción en el espectador. Para mi, esos detalles mágicos son los que diferencian a una película, lo que las hace memorables e irrepetibles. Eso es lo que hace grande a Nikita.


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